Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Mateo 19:16

Como alcanzar la Vida Eterna

Mateo 19:16-25

Invitado especial: Hno Maicol Diaz

Introducción

Ilustración
En cierta ocasión iba un pastor en un avión leyendo su Biblia a la par de un joven asiático, cuando de pronto este joven un poco inquieto le dijo al pastor que quería recibir al Cristo de la Biblia y le preguntó acerca de cómo podía hacer para obtenerlo. A lo que el pastor respondió simplemente, cree en el Señor Jesucristo y acéptalo como tu Salvador. Entonces él dijo que quería hacerlo, así que el pastor hizo una oración con él y al terminar la oración el joven exclamó. “SI POR FIN YA TENGO A CRISTO Y A BUDA”. El pastor se sintió triste porque el joven no había entendido lo que el pastor le había dicho de ¿COMO OBTENER A CRISTO? El joven pensaba que Cristo era como un trofeo más que podía guardarse en una vitrina de divinidades.

Y de la misma manera, muchas veces nos encontramos con personas que quieren obtener a Cristo, o la vida eterna, pero no quiere abandonar o dejar lo que más aman. Como creyentes al momento de llevar el evangelio, es importante que podamos explicar claramente la manera de CÓMO OBTENER LA SALVACIÓN, LA VIDA ETERNA.

Es así que en este pasaje de Mateo 19: 16-24 vamos a contestar la pregunta que le hizo un joven a Cristo. ¿Cómo obtengo la vida eterna?

Al Señor le hicieron la misma pregunta en varias ocasiones, en el Nuevo Testamento. El joven era uno de los candidatos a la evangelización más fuertes en el Evangelio de Mateo. Él estaba listo. Pero sorprendentemente, se marchó sin haber recibido nunca la vida eterna. La razón es sencilla: No estaba dispuesto a renunciar a todo. Jesús colocó una barrera infranqueable para los hombres. En lugar de hacer que tomara una decisión, Jesús lo detuvo e hizo que le fuera imposible ser salvo.
Ahora bien, ¿qué clase de evangelización es esa? ¡Jesús hubiera suspendido el seminario sobre evangelización! Él no supo cómo enrolar al individuo. Perdió a un fuerte candidato.
¡Indudablemente que uno no quiere dejar ir a alguien como él!
En nuestros días, existen muchas formas contemporáneas de evangelización no bíblicas. Nuestra actual evangelización masiva, con sus estadísticas, decisiones y pasar al frente, está llevando a todo tipo de personas a pensar ilusoriamente que están salvas cuando no lo están. Por eso es que debemos referirnos a Mateo 19:16-22 por su importante enseñanza. Hagamos una pregunta similar a la del joven: ¿Cómo se alcanza la vida eterna? Creo que ustedes verán por qué este joven nunca la alcanzó.

Para poder contestar esta pregunta es necesario que sepamos:
Proposición:
Cristo nos da 4 verdades que debemos reconocer en nuestra vida a fin de obtener la vida eterna.
¿Cuál es la primera verdad que debemos reconocer en nuestra vida a fin de recibir la vida eterna?

A. Reconocer la fuente correcta (Mateo 19:16)

  1. Hay muchas personas que buscan la vida eterna, pero buscan en el lugar equivocado. Satanás tiene religiones falsas por toda la tierra para que la gente busque lo que no deben. No encontrarán vida eterna allí, pero muchos la buscan allí diligentemente. Sin embargo, este hombre fue a la fuente correcta. En 1 Juan 5:11 dice: «Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Su Hijo». El versículo 20 dice que Jesucristo «es el verdadero Dios, y la vida eterna». Jesús no es simplemente la fuente de la vida eterna; Él es la vida eterna misma. El joven probablemente había oído hablar del poder de Jesús. Sin duda había oído de Su enseñanza porque le dijo: «Maestro» (gr. didaskale). Él reconoce a Jesús como un maestro de la verdad divina.
  2. En Mateo 19:16, el joven quería saber cómo podía obtener la vida eterna. La frase «vida eterna» se usa casi cincuenta veces en las Escrituras. El centro de toda evangelización es hacer que las personas busquen y luego, reciban la vida eterna.
  3. La vida eterna es la capacidad de reaccionar ante el medio divino, para siempre. En otras palabras, respondemos a la vida de Dios. Es por eso que cuando somos salvos, Pablo dice que entramos en los lugares celestiales (Ef. 1:3). Nuestra ciudadanía adquiere un carácter divino infinito. Estamos vivos para Dios. No es una prolongación de vida. Sino es estar vivos para Dios.
  4. La palabra de Dios es la fuente correcta, es ella la que produce la Fe por medio de la obra del Espíritu Santo. (Romanos 10:17, Salmos 19:7)
  5. El Joven vino a la fuente correcta, el vino a escuchar de boca de Cristo, como encontrar la vida eterna. Ahora tenemos la palabra de Cristo. (Col. 3:16)

B. Reconocer la santidad de Dios (Mateo 19:16-17)

  1. Él llamó a Jesús «bueno». Hay dos palabras en griego que significan bueno. Kalos se refiere a lo que es bueno en la forma o bueno externamente. La palabra usada en Marcos y Lucas es agathos, que quiere decir «bueno por dentro», «bueno moralmente» o «bueno en esencia». Él reconoció a Jesús como una persona moralmente buena. Aunque no nos dice el texto que lo reconoció como Dios, sabemos que Jesús le mostró que el único bueno en esencia es Dios.
  2. No hay Santo como Jehová. (1 Samuel 2:2)
  3. Dios es Santo (apartado del pecado) (1 Pedro 1:16)
  4. Jehová es el Santo de Israel (Salmos 89:18)
  5. El doctor Carballosa decía “hay dos maneras de entrar al cielo, siendo tan Santo como Dios, tan Perfecto como lo es él, o por medio de los méritos de Cristo. El primero es imposible”

C. Reconocer la pecaminosidad del hombre (Mateo 19:17-20)

  1. La respuesta de Jesús es sorprendente. Un evangelista contemporáneo podría decir: «Simplemente cree. Jesús murió por ti y resucitó. Si tú crees eso, ora y pide a Jesús que entre en tu corazón. Confiesa que Él es tu Salvador y serás salvo». Pero Jesús no hizo eso en absoluto. Él levantó un muro frente al hombre e hizo que se detuviera de pronto.
  2. El problema del hombre era su pecado. Ni siquiera se había mencionado. No se daba cuenta de que ofendía a un Dios santo.
  3. Cuando Él dijo: «guarda los mandamientos», contrapuso la vida del hombre a la norma divina para que viera que se quedaba corto. (V. 17)
  4. Tenía que verse a sí mismo como alguien que viola la ley de un Dios santo y tenía que estar dispuesto a cambiar. El joven reaccionó a la orden de Jesús diciendo: «¿Cuáles?» Él quería saber qué leyes debía guardar. Por eso el Señor le dio cinco de los últimos de los Diez Mandamientos: «No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre» (Mt. 19:18-19). Luego, Él agrega: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», que es del libro de Levítico (19:18). Jesús compara la vida del hombre con los Diez Mandamientos, incluyendo Levítico 19:18, para que pudiera entender que estaba violando la ley de Dios. La cuestión en la salvación es el pecado contra la ley de Dios, no la necesidad psicológica, ni el deseo religioso.
  5. Toda evangelización debe tomar al pecador imperfecto y contraponerlo a la ley perfecta de Dios para que pueda ver su deficiencia. Ése es un elemento esencial. La evangelización que trata sólo de las necesidades, los sentimientos y los problemas de los hombres carece de un verdadero equilibrio. Es por eso que las iglesias están abarrotadas de personas que no son realmente salvas, porque buscaron y obtuvieron reafirmación psicológica y no redención. ¿Por qué creen ustedes que Pablo se pasó los primeros tres capítulos en Romanos afirmando la pecaminosidad del hombre antes de llegar al tema de la salvación? Porque de lo que se trata es del pecado de los hombres. El joven rico no se daba cuenta de que ofendía a Dios. No había arrepentimiento en él.
  6. Su deseo de vida eterna estaba envuelto en sus propias ansiedades y necesidades. No tenía noción de la afrenta que había sido su vida a un Dios infinitamente santo.
  7. No se puede llevar a las personas a Jesucristo simplemente sobre la base de sus necesidades y ansiedades psicológicas, o la falta de paz, esperanza, gozo o felicidad. Deben entender que la salvación es para las personas que quieren rechazar las cosas de esta vida y acudir a Dios. Es para aquellos que se dan cuenta de que han vivido en transgresión y rebelión contra un Dios santo. Tienen que querer cambiar, confesar su pecado y confirmar su compromiso de vivir por Su gloria.
  8. La respuesta del joven es increíble: «Todo esto lo he guardado desde mi juventud» (v. 20). Quizá el joven rico nunca mató a nadie, no cometió adulterio, no robó nada o no mintió. Quizá pensó que honraba a su padre y a su madre. Probablemente hacía esas cosas basado en el concepto externo de una conducta correcta. Pero cuando Jesús lo enfrentó a una orden interna como la de amar a su prójimo como a sí mismo, él solo se estaba engañando a sí mismo cuando dijo que los guardaba todos.
  9. Walter Chantry, en su libro cita lo siguiente: «Cuando vean que los hombres han sido heridos por la ley, entonces es hora de verter el bálsamo del aceite del Evangelio. Es la afilada aguja de la ley la que le abre el paso al hilo escarlata del Evangelio. Hay que herirlos antes de que se puedan coser» Fin de la cita. ([Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1970] p. 43).
  10. El joven no pensaba que tuviera un problema con el pecado. Con esa actitud, no podía ser salvo. No entendía el significado de salvación, que un pecador va a Dios y le pide perdón. Si no se cree que se ha pecado, no se puede ser salvo.
  11. Romanos 3:10-20 No hay justo ni aun uno.
  12. Hay un castigo para el pecador (Apo. 20:15, 21:8) «Dios está airado contra el impío todos los días» (Sal. 7:11).

D. Reconocer a Cristo como nuestro Señor y Salvador (Mateo 19:21-22)

  1. Así que Jesús le puso la prueba definitiva: ¿Obedecerá él al Señor? ¿Hay que entregar todo lo que uno tiene para ser cristiano? No. El Señor no les pidió eso a los demás. Pero, ¿hay que estar dispuesto a hacer cualquier cosa que el Señor pida? Sí. Y lo que Él pide depende de a quién se lo está pidiendo. En este caso, el Señor aisló la problemática principal en la vida del joven. Jesús nos lleva al principio expuesto en Lucas 14:33: «Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser Mi discípulo». De manera que Jesús le pregunta al hombre: «¿Estás dispuesto a hacer lo que te digo? Te estoy pidiendo que te deshagas de todo lo que posees». Él sabía lo que era más importante para el hombre. Lo más importante para otras personas pudiera ser una muchacha, una profesión o algún pecado que se quieran permitir. Pero para este hombre, era su dinero y sus posesiones. Y el Señor quería que él estuviera dispuesto a renunciar a ellos.
  2. Debemos estar dispuestos a recibir a Cristo como el Señor y salvador. (Romanos 10:9)
  3. La salvación exige dos cosas: Reconocer que se ha ofendido a Dios y abandonar las prioridades actuales y seguir los mandatos de Cristo, aun cuando nos cueste lo que nos es más querido (arrepentimiento y fe). La salvación es el compromiso de abandonar el pecado y seguir a Cristo, a cualquier precio. Si no estamos dispuestos a ser salvos bajo esos términos, Jesús no nos aceptará.

Conclusión

El que quiera aceptar la salvación debe rendir el control de su vida al Salvador. Eso significa estar dispuesto a abandonarlo todo para seguirlo, o estar contento con todo lo que le ha dado, sabiendo que puede soberanamente darle más cuando le sirve.
La salvación es cambiar todo lo que usted es por todo lo que Cristo es. Por lo tanto, la fe salvadora no es simplemente un acto mental; ella calcula el costo (Lc. 14:28) y humildemente clama a Dios como hizo el publicano en Lucas 18:13: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.